Hay quienes miran el almanaque como una cuenta regresiva, y están quienes, como Miguel Giusti, lo transforman en un tablero de partidas por jugar. A los 85 años, con la mirada aguda de quien fue cardiólogo y el entusiasmo de un debutante, Miguel es ejemplo de que la jubilación puede ser el inicio de una mudanza hacia un territorio donde el movimiento, el juego y la curiosidad siguen mandando.
Hiperactivo por naturaleza, gran compañero y habitué de las canchas platenses, hoy divide sus semanas entre entrenamientos de newcom, clases de teatro y trabajos en madera. Pero llegar hasta aquí no fue cuestión de azar, sino de una filosofía de vida que empezó a gestarse mucho antes de colgar el guardapolvo.
De pionero del newcom a alma de equipo
La historia de Miguel con el deporte de los mayores comenzó allá por 2013 o 2014. Por entonces, ya jubilado, practicaba tejo cuando un compañero le habló de un juego parecido al vóley que recién empezaba a asomar en la ciudad. En La Plata nadie lo conocía; no había equipos.
Con esa misma curiosidad que hoy lo impulsa, Miguel fue al Club Tacuarí. Éramos apenas cinco: tres mujeres, dos varones y un profesor de educación física llamado Juan Ignacio. “Me entusiasmó” , recuerda hoy. “No tiene el impacto del vóley; el varón no necesita saltar para tirar, solo se puede hacer al recibir” .
Aquella chispa inicial encendió un fuego. Los cinco pioneros pronto fueron quince, y el newcom se expandió por los clubes de la región. Miguel pasó, entre otros espacios, por el gimnasio comunal de Los Hornos, el Club Aconcagua y hoy defiende los colores de Unión Vecinal y el CEF N° 2.
En la cancha, el juego es mucho más que pasar la pelota por arriba de la red. “Se juntan varias generaciones, saben acompañarse” , reflexiona. Como médico, observa cada detalle: “Hay un ensamble muy interesante. A veces veo compañeros que recién se suman, no saben cómo poner las manos, y los ayudo a entender el juego, a ser inteligentes para evaluar dónde tirarla. Lo importante es competir, divertirse, saber que a veces no se puede ganar, pero el hecho de estar ahí es el triunfo” .
El médico que recetó movimiento
Antes de ser jugador de newcom, Miguel fue médico cardiólogo y estuvo al frente de un gimnasio de rehabilitación cardíaca. Ya en aquella época, intuitivamente, sembraba la semilla: a sus pacientes les ponía una red en medio de los ejercicios aeróbicos para que jugaran a algo parecido al vóley, sin saber que estaba practicando la antesala del newcom .
Por eso mira a sus colegas con cierta empatía y preocupación. “Tengo amigos que me confiesan que, cuando se saquen el guardapolvo, no saben qué van a hacer porque no tienen nada previsto. Uno hasta volvió a levantar la matrícula porque en su casa se aburría” , cuenta. Su consejo es tajante y amoroso a la vez: “Caminen, hagan deporte, no se queden en la casa. Somos como chicos con los juegos; el profe nos hace mover” .
Desde la ciencia y la experiencia, Miguel explica qué le pasa al cuerpo con el paso del tiempo y cómo se le retruca al reloj biológico: “Después de los 50 años se registra una hipotrofia muscular, pérdida de proteínas y flacidez en piernas y brazos. Pero con actividad física y una dieta correcta —vegetales, proteínas, legumbres, evitando los procesados— se puede mantener todo el esqueleto en movimiento” y explica que eso tiene consecuencias positivas en la vida cotidiana como, por ejemplo, tomar un vaso de estantes altos sin que duela el brazo.
Para él, la clave no es solo física, sino mental: “Depende mucho del estado mental, de tener alegría de vivir. A veces suena el despertador a las 8 de la mañana para viajar a un torneo y dudo si quedarme en la cama. Pero pego el salto y arriba; si no, te quedas duro” . Su rutina semanal es variada: entrena de lunes a jueves (viernes, sábado y domingo descansa), va a dos talleres de actuación y por las tardes le saca viruta a la madera en su taller. Con el teatro, además, ejercita la memoria a fuerza de estudiar letra.
Una receta simple para seguir andando
Miguel entrena, actúa, crea con las manos y convive con amigos nuevos y de la última década que se convirtieron en hermanos de ruta. Cuando se le pide una fórmula para llegar a los 85 con esa vitalidad, no habla de magia, sino de orden, de dormir las horas necesarias, buenos hábitos como tomar agua, alimentarse con lo que da la tierra y de no negociar las ganas.
“La tierra nos da todo lo necesario” , resume con la tranquilidad de quien ya vio pasar suficientes inviernos como para saber que cada mañana es, en el fondo, una nueva pelota picando del otro lado de la red, lista para ser recibida.